martes, 8 de septiembre de 2015

Nada.

Y la nada fue lo que dejó al irse. Una triste, vacía y absurda nada. Una nada en la que me convertí. Una nada que arrastro, una nada a la que me aferro.

"Podrías cruzarme la cara 
siete veces
siete viajes de ida y vuelta
siete vidas menos
fin del trayecto.
Y yo seguiría ahí
entera
mirándote de frente
suplicando un golpe más
con tal de seguir recibiendo algo tuyo"